Incidentes de seguridad y Mundo Real™

No, este blog no estaba muerto. Digamos que he estado un tanto saturado de trabajo los últimos meses.

Pero vamos al lío, hoy quería hablaros de las copias de seguridad. Decidí definitivamente dar el salto a OS X el día que, corrupto el sector de arranque del disco duro de mi PC con Windows XP, tuve que formatear y reinstalar. Sólo gracias al montón de copias de seguridad que guardaba en DVD y CD pude evitar el desastre absoluto.

Al poco de tener mi iMac, estuve a punto de cargarme la carpeta de usuario en un experimento, exclusivamente por mi culpa. Yo soy así.

El caso es que, desde hace mucho tiempo, los discos duros externos, los programas de backup y yo, somos buenos amigos. Y en cuanto actualicé a Snow Leopard, el Time Machine se convirtió en uno de esos “¿donde has estado el resto de mi vida?”.

Recientemente me fui de vacaciones unos días. Y de repente, me vi imaginariamente en uno de los atestados que forman el día a día de mi trabajo: “Comparece quien dice ser XXXXX, y denuncia el robo sufrido en su domicilio…”. Parad un momento a pensarlo: hoy en día, si unos ladrones entran en mi casa y se llevan mi ordenador, no se llevan un aparato electrónico más o menos caro. Se llevan mi vida. No, no estoy exagerando. Se llevan todas las fotos desde verano de 2001 (primera cámara digital); los vídeos de mi boda, viaje de novios, los primeros pasos de mi hija, sus primeras palabras…; por supuesto, se llevan todo el correo electrónico desde abril de 2007, y se llevan documentos de trabajo, por mucho que esa carpeta esté cifrada. El ordenador puede ser reemplazado, pero el daño personal que causarían, no.

Por eso, desde hace algún tiempo, cada vez que mi familia deja el hogar durante más de 48 horas, el disco duro de Time Machine se viene en la maleta… y otro disco se va con una copia de seguridad completa a casa de mis padres, por si acaso.

¿Exagerado? Todo depende de en cuanto valoras lo que puedes perder.

Software, pistolas y otras pesadillas

Una de las cosas que me llamó la atención del mundo Mac fue la (relativa) seguridad que ofrecía. Frente a mi antiguo PC, que antes de estar operativo tenía que cargar el Zone Alarm, el AVG, el Spybot S&D y el Windows Defender, y siempre con el temor de que algún bicho raro llegara en un correo electrónico, el Mac OS X aparece como prístino e inmaculado ante esta lacra, al menos en términos relativos.

“Es porque no se han puesto a ello”, me dicen los chicos del GDT, “pero espera que aumente su cuota de mercado y verás”.

Siempre pensé que mi tranquilidad se quebraría por algún ignoto hacker ruso, u otro tipo de amenaza igualmente sórdida y clandestina. Nunca, desde luego, pensé que sería en la Columbia Británica, con luces de neón del hotel Sheraton Wall Center de Vancouver, oropeles y sonrisas del público asistente a la CanSecWest 2009.

Resulta que existe un software llamado “Metasploit”, usado para explotar vulnerabilidades. Dicho toolkit hasta ahora no era muy apropiado para nuestro sistema operativo favorito, y era bastante más usado con Windows, e incluso con Linux. Entonces, llegan dos señores, por calificarles de alguna manera, llamados Dino Dai Zovi y Charlie Miller, y se empecinan en conseguir que el Metasploit de las narices funcione de perlas en entornos Apple. Por cierto, se trata del mismo Charlie Miller que lleva dos MacBook ganados a base de hackear Safari en segundos en el concurso PWN2OWN, en dos ediciones consecutivas.

Hasta aquí la noticia. Ahora, la reflexión personal. Read the rest of this entry »

¡Hola mundo!

Pues eso.

Me llamo Jorge Bermúdez, y soy maquero. No soy un veterano en este maravilloso mundo, pues durante mucho tiempo me sentí prisionero de distintas versiones de Windows, desde un sobremesa clónico con una versión de Win’ 95 más inestable que Carlos Pumares hablando de productos dietéticos, a un portátil con Win’ XP que tuvo más pérdidas de datos que la Hacienda británica.

Durante mucho tiempo vi los productos de la manzana con una mezcla de deseo y frustración. Su carácter cerrado, incompatible con el resto del mundo, me retraía. Pero al final, con la transición a Intel, el Boot Camp y demás, me atreví.

Hoy, soy el orgulloso propietario de un iMac de 17″, un iPhone 3G, y no descarto nuevas adquisiciones. Esta es la bitácora de un switcher, así que procuraré ofrecer la perspectiva de alguien que lo descubre todo de nuevo.